Legionella o Enfermedad del Legionario ¿qué es?

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¿Qué es la legionella?

La legionelosis, también llamada enfermedad del legionario, es una enfermedad de origen ambiental causada por una bacteria llamada legionella (Legionella pneumophila) y que afecta a los pulmones.

La legionelosis se presenta normalmente bajo dos formas clínicas diferenciadas:

– La Enfermedad del Legionario: infección pulmonar caracterizada por una neumonía con fiebre alta;
– La Fiebre de Pontiac: síndrome febril agudo de pronóstico leve, que es la forma no neumónica de la legionela. Suele durar una semana.

La legionela, que hasta entonces no se conocía, aparecio por primera vez en Estados Unidos en 1976, en medio de un brote de neumonía que afectó los asistentes a una convención de la Legión Americana en Filadelfia. Al año siguiente, los médicos aislaron la nueva bacteria, que denominaron legionela, y la identificaron como la causa de aquella infección.

En los últimos años, la legionela ha sido uno de los problemas de salud ambiental más preocupantes y mediáticos. La infección por Legionella, que puede contraerse por inhalación, se ha asociado a la presencia de este microorganismo en el agua de distintos reservorios, como zonas comunitarias y hospitales, y a sus sistemas centralizados de refrigeración y de agua sanitaria, como duchas o grifos.

Aunque su presencia no necesariamente implica riesgo para la población, sí es necesario su control, evitando su amplificación a inóculos potencialmente peligrosos. Sólo el conocimiento del riesgo y la actuación sobre el mismo, basados en la reglamentación vigente o con medidas adicionales, evitarán la aparición de brotes y de casos aislados de la enfermedad.

En España, la legionelosis es una enfermedad de declaración obligatoria. Los casos y brotes son vigilados por las CC.AA. y notificados, a través de RENAVE  (Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica), al Centro Nacional de Epidemiología. La Red recoge información de todos los casos notificados y brotes estudiados en las comunidades autónomas.

El contagio de la legionelosis se produce por la inhalación de aerosoles (micro-gotitas) de agua colonizada por la bacteria legionella, que se propaga directamente en los alvéolos pulmonares. La legionelosis no se transmite de persona a persona y tampoco por beber agua contaminada; la legionelosis se transmite únicamente por inhalación.

Los síntomas de la legionelosis son parecidos a los de la gripe y suele aparecer en verano o en los primeros días del otoño, afectando a personas con las defensas bajas.

La legionella puede aparecer en muchos ambientes naturales pero en una concentración tal que no supone peligro alguno para la salud. La infección por Legionella puede ser adquirida en dos ámbitos: el comunitario y el hospitalario. En ambos casos la enfermedad puede estar asociada a varios tipos de instalaciones, equipos y edificios. Puede presentarse en forma de brotes y casos aislados o esporádicos.

En el caso de los sistemas de refrigeración se dan todos los factores que la bacteria de la legionella necesita para progresar. Así, al poder alcanzar grandes concentraciones la bacteria sí representa un grave peligro para la salud humana.

Las medidas empleadas más frecuentemente para el control de los brotes de legionelosis son la limpieza y la hipercloración.

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